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Ni
a pie ni en bici
Las
fábricas argentinas de calzado y bicicletas fueron afectadas significativamente
por las políticas de importaciones implementadas por diferentes
gobiernos con la excusa de la apertura económica.
Durante
años ingresaron al país cuantiosas cantidades de productos,
demasiadas veces en condiciones de ·dumping·, o sea con
precios inferiores a los vigentes en los países de origen, gracias
a los subsidios otorgados por sus respectivas autoridades.
En
la Cámara de la Industria del Calzado estiman que los 1.500 establecimientos
existentes ocupan a 26.000 personas, pero que entre 1991 y 1993 desaparecieron
más de mil pequeños y medianos emprendimientos, y que se
perdieron unos 14.400 puestos de trabajo en el sector.
En
semejante estado de cosas influyeron, además, las crisis financieras
y las devaluaciones, como las de Brasil, hacia donde se dirigen las mayores
exportaciones.
La
competencia extranjera impidió el afianzamiento del sector, que
encaró inversiones en tecnología, reingeniería y
capacitación del personal, pero sin suficiente respaldo crediticio
y con tasas de interés inadecuadas.
Como
el calzado es un producto de temporada, los saldos de moda de una nación
del hemisferio norte son vendidos como ofertas por no servir para la del
año siguiente, pero en la Argentina mantienen su vigencia.
Aparte,
se padece el denominado ·dumping social·, practicado en
el sudeste asiático, principalmente en China.
De
20,2 millones de pares importados en 1998, Brasil colocó 10,7 y
China, 4,3 millones.
Aquí
fabricar un par de zapatos tiene un costo parecido al de Brasil, por ejemplo,
pero con el efecto combinado de subsidios y devaluaciones puede venderse
a poco más de 10 pesos.
También
el ingreso al país de bicicletas de China y Taiwán, a precios
de ·dumping·, provocó cierres de fábricas
y reducciones de planteles laborales.
Y
si bien esa situación fue considerada por la Secretaría
de Industria y Comercio, que dispuso limitaciones, no impidió que
desde 1995 comenzaran a incrementarse las importaciones desde el Uruguay
(de 32.344 unidades en el ·96 a 126.287 en el ·99).
La
Cámara Industrial de la Motocicleta, Bicicleta, Rodados y Afines
denunció que modelos traídos desde la otra orilla del Río
de la Plata eran armados con partes y piezas chinas, ingresadas sin abonar
derecho por el sistema de admisión temporaria o bien a precio vil.
Una
de las empresas orientales anunció que trasladaría sus operaciones
a la Argentina ante la decisión de las autoridades locales de suprimirle
determinados beneficios. ·O hacemos la mudanza para seguir subsistiendo,
o desaparecemos·, declaró uno de sus directores.
Ninguna
de las entidades representativas de ambas actividades se pronunció
respecto de las reflexiones de Jorge Kogan, secretario de Transporte de
la Nación, quien había afirmado que los pobres ·no
viajan o viajan muy poco, porque realizan tareas en su zona, y se movilizan
a pie o en bicicleta·.
Kogan
había hecho esas declaraciones luego de analizar los resultados
de la Encuesta Permanente de Hogares que realiza el Instituto Nacional
de Estadística y Censos.
·En
los sectores de menores ingresos la incidencia del transporte no supera
el 5 por ciento de los salarios·, había ampliado el secretario.
La
pobreza en la Argentina es un problema social de vieja data, aunque se
acentuó desde mediados de la década del '70. La posibilidad
de que sobrevivan 13,4 millones de personas en esa situación, de
acuerdo con el dato del Banco Mundial, mencionado el año pasado
por Rafael Rey, obispo de Zárate-Campana y entonces presidente
de Cáritas, desencadenó controversias, como casi siempre,
con este tipo de informaciones.
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