Muchos desean con locura realizar al menos un salto en su vida, otros consideran que es un “riesgo” que no deben tomar y unos cuantos son verdaderos adictos y practicantes de este deporte, lo siento es q provoca sentimientos encontrados, y la emoción por saltar al vacía le quita el sueño a mas de uno. La constante inquietud humana de ir más allá de sus capacidades físicas hizo posible la creación de mecanismos que, después de varios años de perfeccionamiento, nos permiten hoy en día navegar en mares profundos, conocer otros planetas o surcar el aire como pájaros. Volar, es una de las ambiciones más antiguas y populares a lo largo de la historia del hombre. Leonardo Da Vinci fue uno de los primeros que realizó estudios para diseñar un artefacto que permitiera a personas y cosas descender desde el aire a la tierra sin que ocurriera ningún daño. Esta idea fue alimentada por otros visionarios y dio como resultado la herramienta que hoy conocemos como paracaídas. Al principio, su forma era de semiesfera (muy parecida a la silueta de los globos aerostáticos) pero luego, y gracias a propósitos militares, también aparecieron otros modelos (como los rectangulares) que permiten mayor número de maniobras y descender más rápido. Actualmente, los equipos y accesorios que se usan en la práctica del paracaidismo, como por ejemplo, paracaídas rectangulares y abridores automáticos de emergencia, hacen que esta disciplina sea segura, además de fascinante. Existen dos modalidades básicas en este deporte: con el paracaídas cerrado (caída libre) y con el paracaídas abierto. De ambas, la más practicada es la caída libre y con mayor frecuencia las alineaciones en el aire con varios saltadores que hacen figuras, lo que se conoce como trabajo relativo, porque se sube o baja pero sólo con respecto a otro participante; también se encuentran el estilo y vuelo libre, además del ski surfing. Por otro lado, lo más frecuente con el paracaídas abierto es buscar la precisión en el aterrizaje. |