[ver artículo siguiente: Discriminación por la Hepatitis C]

Toda mi vida cambió cuando, de forma casual, me detectaron la enfermedad. Mi mujer tuvo dos abortos consecutivos, lo que llevó a los médicos a hacernos a ambos una completa analítica que permitiera aislar o descartar cualquier posible causa. Fue entonces cuando me dieron la noticia: tienes hepatitis C. Tras el golpe que esto supuso para mí y para mi familia, me di cuenta de la desinformación que tenía sobre la enfermedad y de los prejuicios que la sociedad alberga contra los que la padecemos.

Ciclista saliendo de la nieblaHepatitis C = Drogadicto. Esa es la imagen que tiene la gente sobre el tema, y aunque no era mi caso, en un primer momento decidí ocultar la situación en mi entorno por miedo a posibles rechazos. Parece mentira que, a pesar de vivir en la "Sociedad de la Información" y de que los medios de comunicación difundan esporádicamente información relacionada con la enfermedad (como ocurrió tras el "Caso Maeso") mucha gente la sigue relacionando con colectivos de drogadictos o con un consumo exagerado de alcohol. El médico fue claro conmigo cuando me explicó las vías de contagio: a través de transfusiones de sangre, de la madre al hijo al nacer o al compartir jeringuillas. Es evidente que el virus de la hepatitis C no se encuentra ni en una botella de cerveza, ni en un vaso de vino y que no o todos los que lo padecemos somos drogadictos o llevamos mala vida.

Cuando pude reponerme del shock que supone un cambio tan radical en la vida de una persona, y tras algunas consultas con diversos especialistas me di cuenta que tenía una afición que me podía ser muy útil, tanto en el aspecto físico como psicológico: el ciclismo. Por un lado, me obligaría a llevar una vida saludable y ordenada. Por otro, me ayudaría a olvidar mi enfermedad o por lo menos, a convivir con ella desde una posición más fuerte. Además, la mayoría de médicos que visité estaban claramente a favor de la práctica del deporte como apoyo a la terapia y desde el primer momento lo tuve claro.

Naturaleza saliendo de la niebla

Pronto contacté con un grupo de aficionados a la bicicleta de montaña (que mantienen la web www.maspedales.com), cosa que también me ayudó. Ellos estaban muy fuertes y tuve que esforzarme mucho para poder estar a su nivel, entrenando a diario y corriendo alguna carrera que otra. No tardé mucho tiempo en hablarles de mi enfermedad y obtuve comprensión y apoyo. Desde entonces, tanto yo como mi familia nos sentimos plenamente integrados en el grupo.

Poco a poco, mi condición física fue progresando. Me di cuenta que mis clasificaciones en las marchas cicloturistas iban mejorando por lo que mis retos iban siendo cada vez más altos. Sin ir más lejos, en la última marcha en la que participé, la Sexta edición de la Prueba de Resistencia 24 Horas de Vitoria-Gastéiz, obtuve un meritorio 8º puesto en la clasificación individual con 257 Km recorridos. Hace un tiempo no me lo hubiera imaginado pero ahora es una realidad.

Por eso, desde aquí animo a la gente que, como yo, padece la hepatitis C, a practicar algún deporte, siempre dentro de sus posibilidades y bajo la supervisión de su médico. Y si queréis realizar alguna excursión en bicicleta no dudéis en comentárnoslo. Desde aquí os animo: es una buena terapia y una forma muy agradable de entrar en contacto con la naturaleza.

[ver artículo siguiente: Discriminación por la Hepatitis C]