Isawa Zabk
La luz débil de las velas, el suave olor del incienso al quemarse, el farfullo de las cortinas cuando se mueven al son del viento, al cerrar los ojos y sumirse en la apacible atmósfera volvía a años atrás, a su hogar.
Volvía a correr por las verdes colinas, volvía a ver la hermosa sonrisa de su madre, recordaba el calor de sus abrazos y se ponía a tatarear la dulce melodía que le cantaba su madre al dormir. Era uno de los poco momentos en los que Isawa Zabk descansaba en paz, solo en esa sala volvía a ser la niña inocente que nunca mas volvería a ser.
Las demás estancias del templo, austeras, frías y hostiles le recordaban a su padre, rígido, cruel y totalmente intransigente.
Nunca comprendería como alguien como su madre, dulce, amable, hermosa, se podía haber casado con su opuesto, su padre.
Las noches frías, de tormenta y de profundo invierno tenia la misma pesadilla.
Veía como su padre cogía su madre del kimono y se lo rompía dejando al descubierto su hombro y su seno derecho, veía como su padre señalaba la gran marca oscura que nacía al final del cuello y se perdía por la parte que quedaba del roto kimono, veía las lagrimas de su madre, su desesperación, sus suplicas ya cambio recibía insultos, patadas y desprecio. Siempre se despertaba cuando su padre cogía su katana y le cortaba a su madre el cuello de un solo tajo, se despertaba en medio de sollozos, sudor y de odio, odio inmenso hacia su padre, hacia los que habían permitido hacer esa injusticia, y cada vez que le pasaba juraba que lo pagarían, pagarían con dolor y sufrimiento cada lagrima, cada suplica y cada gota de sangre que había vertido su madre.
Cuando la mandaron al Templo de las Fortunas Desamparadas en kyuden Valencia para curarse de la pequeña mancha que le había salido en el hombro derecho después de la muerte de su madre, una pequeña mancha forma de llama, cuando la echaron de sus tierras, juro por el camino y sin mirar atrás que volvería con poder, con mucho poder y entonces los que suplicarían y llorarían serian ellos y de su parte solo recibirían odio, desprecio, muerte y destrucción, la misma moneda con que le habían pagado a ella.

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