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Daigotsu Yuri, Herlado del Oráculo Oscuro del Fuego

Daigotsu Yuri

Para la mayoría la corrupción viene por su debilidad, eran débiles cuando trataron de enfrentarse a lo que no puede ser derrotado, eran débiles cuando trataron de enfrentarse a sus miedos durante la lluvia de sangre, eran débiles en el vientre de su madre cuando ésta fue secuestrada por una banda de escupe sangres… la maldición de Fu Leng luego les da fuerza, agilidad, increíbles poderes… que sólo sirven para enmascarar la debilidad que les sigue poseyendo.

Pero hay unos pocos que son lo suficientemente fuertes para buscar conscientemente su destino en la corrupción, fuertes para enfrentarse a los tabúes del imperio y para elevarse sobre los cobardes que se horrorizan al contemplar la verdadera fuerza… yo soy uno de ellos, yo soy uno de los elegidos. Mi nombre es Yuri, y dejo constancia de mi historia para que sirva de guía a los que, como yo, buscan la verdad.

Provincias mirumoto, hace 1 año

La caravana de comerciantes se movía de forma insoportablemente lenta. ¿Por qué estaba yo aquí? Así me lo había ordenado mi hermana; nunca puse demasiado interés en comprender sus motivos pero esto era demasiado, proteger a estos miserables…

“El deber de los Yotsu es defender a los que no pueden defenderse por ellos mismos” eso es lo que había dicho… los que no pueden defenderse… bonito eufemismo para definir a los débiles.

La debilidad es aborrecible, ¿por qué debo entrenar para ser fuerte y malgastar mi vida para proteger a los que prefieren pasar la suya entre lujos y placeres? Quien no es capaz de empuñar un arma con fuerza no merece vivir en el mismo imperio que los fuertes. Los débiles deberían ser exterminados como la plaga que asola el imperio que una vez fundaron los kamis, el imperio que una vez fue sólido y que hoy agoniza presa de la enfermedad…

privar a alguien del derecho a defenderse o a matar a quien es más débil que él es un crimen, mis hermanos no podían estar más equivocados. Y en esos momentos, me di cuenta que mis pensamientos habían hecho que redujera mi marcha, la caravana se había adelantado a un pequeño valle por donde corría un riachuelo. Los recuerdo perfectamente, con un grito blasfemo cargaron contra los guardias bajando de las colinas, vestían como bárbaros y sus armas y estilos de lucha eran absolutamente desconocidos para mí.

Pero no su fuerza, actuaban con brutalidad y eficacia, matando a todo el mundo. Debería haber desenvainado y haber cumplido con mi obligación, pero estaba casi hipnotizado por el espectáculo y por un momento deseé ser uno de ellos en lugar de un triste “defensor de débiles”.

Sin embargo el ruido del acero entrechocando, el olor de la sangre y el sonido de los lamentos me atraía demasiado como para no participar de la fiesta. Concentrando toda mi fuerza cargué sobre el campo de batalla, lanzando tajos a un lado y a otro, amigos y enemigos, daba igual, quien no fuera lo suficientemente fuerte como para defenderse era mi enemigo. No estoy seguro de si pasaron apenas unos minutos o incluso días en esa batalla, no podría decirlo, sólo recuerdo el río teñido de rojo, cadáveres por todas partes y sangre y vísceras me cubrían casi completamente… entonces una llamarada me lanzó por los aires junto a mi montura;

el animal murió en el acto, un nauseabundo olor a carne quemada salía de su cadáver. Yo sentía dolor, pero era casi reconfortante, pude ponerme en pie sin mucha dificultad y busqué al que me había atacado. Era un bárbaro como los otros, pero llevaba el símbolo del fuego tatuado en la cara y llamas ardían a su alrededor. Sin embargo me miraba incrédulo, casi inmóvil. No iba a esperar mejor oportunidad, lancé mi espada y la atravesé en su pecho. Cuando cayó muerto los bárbaros que quedaban huyeron despavoridos, pero yo estaba tan exultante de poder que me creía invencible, cogí el arma de uno de los atacantes y me lancé a perseguirles… y en ese momento algo me golpeó y quedé inconsciente. No se cuanto tiempo pasó hasta que desperté, y cuando lo hice, allí estaba, sentado delante de mi, mirándome… o mirando al infinito tras de mi, no lo se.

Esperé un tiempo a que dijera algo, pero él sólo me miraba… era un hombre extraño, con la cabeza afeitada como un monje y el cuerpo cubierto de perturbadores tatuajes… su mera presencia infundía un respeto que no había sentido nunca.

-¿Quién eres? Pregunté al fin

¿Quién eres tú?

Soy Yotsu Yuri, d…

¿En serio? Me interrumpió bruscamente -¿Yotsu? Había oído que los yotsu protegían a los débiles, si no recuerdo mal, cuando te encontré tú los estabas matando.

¿Fuiste tú quien me golpeó? –sólo logré responder

Si. ¿Piensas hacer algo al respecto?

¿Por qué lo hiciste?

Se encogió de hombros –Quería hablar contigo.

Durante un momento no acerté a decir nada, miré a mi alrededor, pero mi katana no estaba allí, obviamente no se había molestado en sacarla del cuerpo de ese bárbaro y traerla hasta donde quisiera que estuviésemos. No había opciones

¿Vas a matarme? –concluí al fin.

¿Te das cuenta de lo estúpido que resulta preguntarme si voy a matarte en la situación en la que estás? Podría haberte matado hace mucho. He dicho que quería hablar. Ya habrá tiempo para matar luego. –Sonrió y la locura era evidente en sus ojos.

¿Quién eres? –volví a repetir, en realidad no sabía muy bien qué decir.

¿Quién eres tú? –volvió a contestarme.

Lo pensé durante un momento –No lo se –terminé confesando –antes creía que era Yotsu Yuri, pero ahora no se quien soy.

Por fin un poco de sinceridad ¿no te encuentras mejor? – su tono parecía burlón -¿No? Bueno, me extrañaría lo contrario, te he golpeado bastante fuerte después de todo.

“Debes saber que estás de suerte, yo soy una especie de guía espiritual para almas perdidas, te he observado y me has resultado interesante. -¿Quieres ayudarme? ¿Cómo? -No exactamente, sólo voy a ofrecerte una alternativa, de ti dependerá si compartes mi visión o no. Si lo haces te ayudaré a encontrar la verdadera fuerza que buscas."

¿Y si no lo hago?

Seguramente te rompa el cuello, a fin de cuentas seguirías siendo débil, un débil demasiado cobarde como para dejar de serlo, y entonces no serías distinto de aquellos a los que tú matabas, y yo te liberaré de la vergüenza de tu vida como tú les liberaste a ellos.

No parece que tenga alternativa.

Todo lo contrario, precisamente las alternativas son mi especialidad, sonrió el hombre tatuado. -La fuerza se alcanza a través del sufrimiento, la iluminación a través de la violencia. De una forma o de otra, aquí termina Yotsu Yuri, lo que venga después es decisión tuya. No pude llegar a decir nada

“Porque tú, a diferencia de ellos, te has dado cuenta de esta verdad, has descubierto que buscar la fuerza es tu destino, y mereces mi… ayuda."

“Yo soy un guía, el verdadero guía que Rokugan necesita para curarse de su enfermedad… deja que comparta contigo mi visión, estoy seguro de que después aceptarás de buen grado mi oferta… veo potencial en ti" –dijo con una sonrisa diabólica… y yo supe que mi verdadera historia empezaba allí.

Al norte de la frontera dragón, tres meses después

Las indicaciones que me había dado el extraño personaje llamado Kokujin me habían llevado hasta allí; un desierto páramo helado más allá de las fortificaciones dragón del norte, más allá de Rokugán.

Hacía semanas que había perdido la esperanza; la euforia inicial por las nuevas habilidades que había experimentado tras el ritual del extraño tatuado me habían hecho aceptar sin dudas el camino que me indicó; me había hablado sobre una supuesta bendición de los kamis del fuego en mi, aunque nunca demostré habilidades para la magia, y había hablado sobre un poder inimaginable que me esperaría en este lugar… la verdad es que no había entendido nada, nada de lo que decía ese hombre parecía tener sentido nunca, sin embargo tenía una extraña sensación de… confianza, aunque no es la palabra adecuada sobre alguien que tienes la impresión de que puede matarte por simple placer en cualquier instante, no se me ocurre ninguna que lo describa mejor.

Pero todo eso parecía ahora demasiado lejano en el tiempo, el viaje había sido difícil, el clima inhóspito y las patrullas dragón en este sector constantes; aunque obviamente su esperada amenaza venía del norte, por lo que pude tomar desprevenidas a un par de ellas, no fue difícil pues me sentía pletórico físicamente, aunque asesinar samuráis no me dejaba indiferente. A veces aún me sentía uno de ellos, pero cada vez que usaba mis nuevas armas esa sensación se evaporaba cada vez más y matarlos me resultaba más fácil. Mis nuevas armas… Kokujin me había asegurado que no eran regalo suyo sino de otro ente que ya iría conociendo; el caso es que lo notaba, una consciencia que me observaba, me estudiaba, me odiaba y me deseaba, tratando de controlarme, tratando de invadirme, me miraba desde lejos y desde cerca, desde todas partes y ninguna en concreto.

Despertar el interés de ese ser por mi si había sido el verdadero regalo del monje, todo lo demás parecía ya una sucesión de hechos inevitable, reconfortante a veces y aterradora otras. Habiendo perdido mi katana, me encontraba sólo con la escasa protección de mi daisho, me había sido imposible localizar el campo de batalla donde la había perdido antes del encuentro con el profeta, por alguna extraña razón. Sin embargo este ente parecía adelantarse a mis necesidades, y una noche me desperté con ellas; sin saber cómo, unas garras negras como el carbón emergían de mis dedos cuando me encontraba ante un combate, cortaban armaduras, carne y huesos como la más fina katana grulla, y eran resistentes como el acero kaiu. Al principio me había costado acostumbrarme a ellas, pero al poco descubrí que eran un arma mucho más efectiva que las que hasta ahora había usado… muchos samuráis dragones habían caído ya ante ellas, y cada vez que las usaba, el ente parecía regodearse y extender su influencia sobre mí. Y eso me gustaba. Pero estoy divagando, obviamente el lector inteligente espera que responda a por qué continuaba un viaje que me había llegado a parecer tan absurdo.

La respuesta es clara, no sabía a donde iba, pero sabía que lo que dejaba atrás, el imperio esmeralda, no era donde deseaba estar. Y entonces, sin saberlo, llegué a mi destino. Una estructura con el aspecto de un templo exótico se alzaba sobre mi; resultaba increíble que no lo hubiese visto antes… sobre todo teniendo en cuenta que la nieva no cuajaba sobre la superficie de la piedra. Pese a mi renacimiento, mi vida pasada era reciente y aún era débil a veces, por lo que el miedo me sobrecogió, pero no había llegado hasta allí para dar media vuelta, sabía que dentro encontraría mi destino, daba igual si ese destino era un comienzo o un final. Una fuerza sobrenatural me guió por las estancias y pasillos, no encontré a nadie, y con la poca atención que presté a la decoración pude ver escenas que parecían describir ritos de adoración de unos salvajes a un poderoso ser que parecía un dios del fuego; lo cual en condiciones normales me habría parecido blasfemo, pero ya hacía tiempo que había cruzado la línea del pecado en Rokugán. Finalmente encontré a un hombre; vestía un manto rojo brillante y sus ojos irradiaban luz intensa. En su mera presencia la atmósfera era asfixiante.

Kokujin me había hablado sobre él, Tamori Chosai, oráculo oscuro del fuego, él era quien debía decidir sobre mi destino, y las reglas que el monje me había advertido seguir para salir con vida de ésta eran precisas. No hacer ningún gesto interpretable como una agresión y sumisión total eran el comienzo. Sólo me arrodillé e incliné la cabeza. Al cabo de un rato me habló:

¿Quién eres, samurai? ¿Qué has venido a buscar aquí?

Soy Yuri, contesté, he venido a encontrar mi destino.

¿Destino? Bonito eufemismo, quieres poder, como todos. Pero tú no eres un estúpido yobanjin, ¿sabes quien soy yo?

Si, mi señor, el poderoso avatar oscuro del fuego.

Ya veo que te envía un loco -rió, y al hacerlo el aire en los pulmones me ardía. -Pero ¿qué te hace pensar que eres digno de mi bendición?

Yo seré un instrumento de su venganza en el imperio esmeralda, derramaré la bendición del fuego sobre vuestros enemigos -dije, mostrando la colección de mandíbulas de dragón que había ido coleccionando durante el camino.

-Bueno, ahora comprobaremos si en verdad eres capaz de soportar la bendición del fuego, ¿realmente deseas dejar de ser débil? –un dolor espantoso comenzó a recorrer mi cuerpo, aún así fui capaz de asentir. –Bien, contestó el oráculo mientras comenzaba a invocar su poder, entonces ahora comenzará el verdadero dolor…

No se realmente cuanto tiempo pasó, cuanto tiempo estuve allí, cuanto duró el dolor, pero cuando desperté de nuevo estaba en otra sala, quizás otro edificio, no lo se; el mismo hombre sonreía de satisfacción ante mi, y yo era un ser distinto, mejor, poderoso, implacable.

Como mi heraldo, habló Chosai, le llevarás un mensaje al autoproclamado Señor Oscuro de mi parte… -miré al sur, y sonreí.

Daigotsu Yuri, el Heraldo

Tierra: 3

Agua: 3

Fuego: 4

Aire: 2

Vacío: 2

Escuela: Duelista Ronin 1/Guardia Negra 1

Gloria: 2.2 - Honor : 0.7 - Estatus: 2.3 - Mancha de las Tierras Sombrías: 4

Ventajas: Gran Destino, Lazo Kármico (Mack'tek), Habilidad Innata (), Bendición Oscura del Fuego

Desventajas: Antisocial, Mala Reputación (VIolento), Insensible, Nombre Gaijin, Abandonado,

Capacidades: Defensa, 2, Cazar 1, Jiujutsu (Garras Ennegrecidas) 3, Kyujutsu 1, Atletismo 1, Sigilo 1, Investigación 1, Saber: Tierras Sombrías 1

 


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