Ninube Chisei
Isawa Akahito e Isawa Chisei nacieron gemelos; sin embargo, si bien sus rostros eran idénticos hasta tal punto
que ni sus propios padres podían distinguirlos, sus habilidades e intereses eran completamente diferentes.
Isawa Chisei nació tocado por el Aire y ya desde la cuna se supo de su enorme potencial con dicho elemento.
No faltó quien dijo que sin duda se convertiría en el próximo Maestro del Aire cuando Nakamuro dejara el cargo.
Chisei no defraudó estas expectativas y su poder fue creciendo con el tiempo. También se interesó brevemente por
los asuntos de la Corte, si bien de manera muy tangencial, como un hobby.
Isawa Akahito era una anomalía dentro de la familia Isawa, puesto que no poseía ninguna habilidad para hablar
con los Kami, es decir no era una shugenja. No es que tales situaciones no se dieran dentro de los Isawa pero
eran tan raras como que naciera un shugenja dentro de los Shiba.
Akahito no fue tratado duramente por sus padres, pero sí que sintió cierto desprecio durante su infancia,
al ser una personal “normal” rodeado de shugenja.
A menudo se sentía desplazado con respecto a su poderoso hermano, si bien este nunca le trató mal.
Pero Akahito poseía otros talentos sobresalientes que hubieran llenado su vida tanto como si hubiese podido
realizar hechizos. Akahito era un maestro con el koto, la biwa, el samisen y el sakuhachi. Adoraba la música
con todos los instrumentos y su destreza era inigualable, hasta el punto que el propio Toturi I pidió oírle
tocar cuando sólo tenía 12 años. Era también un excelente compositor.
El problema era que Akahito deseaba con toda su alma ser un shugenja. La música estaba bien, pero resultaba
intrascendente al lado del poder de su hermano, por ejemplo. Él quería ser poderoso y sabía que con la música
no sería más que otro artista de corte como tantos Doji y Kakita. Su nombre tal vez alcanzase cierta fama,
pero tarde o temprano su música pasaría de moda o directamente se le olvidaría, ofuscado por nuevas estrellas.
Buscó cualquier manera de poder convertirse en un shugenja, pero preguntase a quien preguntase siempre le
decían que si no se nacía con el don no se podía hacer nada. Pensó en buscar a los Oráculos, pero era una
tarea demasiado ardua, así que decidió reservarla como última opción.
Su deseo dio el primer paso para cumplirse una lluviosa tarde en la que Akahito vagabundeaba por las áreas más
profundas de la Biblioteca Isawa. Aquellas estanterías estaban llenas de pergaminos mohosos y llenos de polvo,
que sin duda nadie había consultado en siglos. Precisamente a causa de ese abandono, aquellos pasillos estaban
casi a oscuras, salvo por la lámpara que llevaba Akahito en sus manos.
De pronto, tuvo la impresión de que las sombras se movían, de que la propia oscuridad reptaba sobre las
estanterías y las paredes. Le dio la impresión de que las sombras se movían para cubrir ciertas estanterías,
mientras que de manera antinatural, un anaquel cercano permanecía iluminado, como único reducto de la luz en
aquel lugar.
En parte asustado, en parte intrigado, Akahito se tomó aquel pergamino y al instante todo pareció volver a la
normalidad, como si la oscuridad ya hubiese cumplido su función.
El pergamino hablaba de ciertas técnicas de la magia Gaijin que le resultaron muy reveladoras a Akahito. De
aquella extraña manera, había encontrado la forma de convertirse en un shugenja.
Invitó a su hermano a un encuentro cordial en sus habitaciones y le ofreció un té en el que había puesto somníferos.
Cuando su hermano cayó presa del sueño, Akahito abrió el cajón de su cómoda y extrajo un fardo que consistía
en una gran cantidad de grandes agujas.
El pergamino gaijin explicaba que existen ciertas corrientes en el cuerpo humano, ciertos cauces para la energía del espíritu que se entrecruzan una y otra vez sobre la piel, como un mapa de caminos. Aplicando una aguja de la manera adecuada en esos cruces, se conseguían muchas cosas, desde poder sanar partes del cuerpo a causar daños físicos atroces.
Y también se podían aislar partes concretas del espíritu.
Akahito se aplicó a la tarea, clavando agujas en lugares precisos del cuerpo de su hermano. Trabajó con
rapidez y eficiencia, aunque en ocasiones tenía la impresión de que su habilidad con aquella técnica no era
tanta como para justificar su sorprendente rapidez.
Ya sólo quedaba una aguja y sabía perfectamente donde clavarla: sobre el corazón.
Una vez hecho esto, venía la parte desagradable. Lo que deseaba de su hermano estaba ahora mismo contenido en
su corazón. El texto decía que si se deseaba obtener los atributos de otro, bastaba con…
Akahito sacó un cuchillo del interior de su kimono y cortó la piel sobre el corazón de su hermano hasta dejar
al descubierto el palpitante órgano. Perdóname hermano, pero tu vida se seguirá viviendo. Tras decir esto, le
arrancó el corazón a su hermano y se lo comió rápidamente, pues temía que el asco le impidiera hacerlo.
Cuando terminó se arrepintió de lo que había hecho, pensó que había cometido un error horrible dejándose
llevar por un pergamino antiguo y que sin duda sería falso. Pero entonces empezó a oírlos: cientos, miles, de
espíritus silbantes. ¡Podía oír a los Kami del Aire!
Tenía perfectamente claro lo que debía hacer a continuación. Usó su recién adquirida magia para librarse del
cuerpo de su hermano y a continuación empezó a hacerse pasar por Chisei. Ya nunca más se volvería a saber nada
de Isawa Akahito, de los dos gemelos tan sólo seguiría viviendo Chisei, si bien este estaba muerto. Qué gran
ironía. No pudo evitar reírse una y otra vez a carcajada limpia.
Durante los días siguientes tuvo miedo de que alguien descubriera su suplantación, pero nadie pareció
percibirlo. Se supo pronto que Akahito había desaparecido, pero al no encontrarse su cuerpo, todos temieron
que hubiese sido raptado por quien sabe que tipo de malhechores, así que se le dio por muerto.
La felicidad de Chisei (ya ni siquiera pensaba en sí mismo como Akahito) llegó cuando intentó tocar una de sus
propias melodías en un koto. Sus dedos parecían torpes tocando las cuerdas y su mente se negaba a recordar
como se tocaba el instrumento, ni siquiera era capaz de recordar la melodía y eso que él mismo la había
compuesto.
Pronto se dio cuenta de que no era capaz de tocar ningún instrumento y de que todos sus conocimientos
musicales habían desaparecido. Amargado por la pérdida, se encerró en sus habitaciones y entonces oyó una voz
que brotaba de las sombras:
Pobre Chisei, ¿acaso no decía el pergamino que te entregué que siempre se ha de pagar un precio por lo que
se recibe, la pérdida siempre proporcional a la ganancia? Han conseguido la habilidad de tu hermano como
shugenja y a cambio has perdido tu capacidad para la música. ¿Crees que has hecho un buen cambio? Sï, claro
que sí, ahora eres poderoso y más lo serás todavía si sigues el camino que se abrió ante ti aquella tarde en
la biblioteca. Aquella entidad invisible se presentó como el Dragón de las Sombras (del cual Chisei había oído hablar a su
hermano) y le dijo que viajase hacia el sur, más allá de la Kaiu Kabe. En la Ciudad de los Perdidos, junto a
Daigotsu, encontraría su destino y se cumplirían todas las promesas de poder que se le hacían a cualquier
shugenja.
Chisei se dio cuenta de que aquel dragón le estaba pidiendo que se uniera a las Tierras Sombrías y él en
principio no deseaba convertirse en un esclavo sin mente de Fu Leng, pero el Dragón le dijo que él le
preservaría de la Mancha. Así pues, sabedor de que su honor ya no existía, Isawa Chisei abandonó el Imperio
para convertirse en Ninube Chisei.
Ninube Chisei, el Sin Corazón
Tierra: 3
Agua: 2
Fuego: 2
Aire: 4
Vacío: 4
Escuela: Tensai Isawa del Aire de Rango 2
Gloria: 2.5 - Honor : 0.5 - Estatus: 1.3 - Mancha de las Tierras Sombrías: 0
Ventajas: Ishiken-Do, Habilidad Innata (Sentir Vacío, Capa de la Noche), Ancestro: Isawa Chisei
Desventajas: Secreto Oscuro (Caníbal)
Capacidades: Caligrafía 1, Saber: Historia 1, Meditación 1, Shintao (Teología) 2, Ceremonia del Te 1, Cortesano 1, Etiqueta 1, Identificar COnjuros 2, Cuentacuentos 1.

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